Buscaste una niñera y encontraste a alguien que te gustó de verdad: tiene buenas referencias, con una personalidad cálida, y tu hijo le sonrió tímidamente durante la entrevista. Pero ahora llega la parte de la que casi nadie habla: ayudar concretamente a tu hijo a acostumbrarse a ella.

Las primeras sesiones pueden ser difíciles. Llantos en la puerta, ese pegoteo que aparece de la nada, un chico que estaba perfectamente bien cinco minutos antes y de repente no suelta tu pierna. Eso no significa que hayas tomado la decisión equivocada. Significa que tu hijo está en plena adaptación, y que eso lleva tiempo.

Acá te contamos cómo hacer las cosas más fáciles para él, y para vos.

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Paso 1: Cómo presentarle la niñera a tu hijo antes del primer encuentro

Darle a tu hijo tiempo para acostumbrarse de manera gradual a una nueva niñera hace toda la diferencia. Algunos chicos van a necesitar menos pasos que otros, pero a ninguno va a gustarle sentirse apurado.

Para empezar, organizá una visita en la que todos estén en casa en conjunto. Sin presión, sin salidas, solo tiempo para conocerse. Dejá que el chico marque el ritmo. Hay chicos que charlan sin parar a los diez minutos, mientras que otros observan desde lejos durante toda la visita, y eso también es válido Cada chico es diferente, pero vos, como papá o mamá, sabés cuándo tu hijo está cómodo.

Una vez que el chico parece estar a gusto, intentá dejarlos solos un momento corto. Que sean unos minutos al principio, mientras vos todavía estás en casa. Salí de la habitación un rato y fijate cómo van. Si salió bien, probá ausentarte un poco más, aunque sea para dar una vuelta a la manzana. No estás poniendo a nadie a prueba; simplemente estás dejando que la relación se construya a un ritmo natural.

Cuando llegue el momento de la primera vez que se queden solosl, pedile a la niñera que llegue un poco antes. Proponé que arranque con un juego o una actividad con tu hijo antes de que te vayas. Despedirse siempre es más fácil cuando el chico está en plena actividad y divirtiéndose, en lugar de parado en la puerta mirando cómo te ponés el abrigo.

Y algo fundamental que ayuda a lo largo de todo este proceso: dejá que tu hijo vea que estás tranquilo/a y cómodo/a con esa persona. Él te observa mucho más atentamente de lo que te das cuenta.

Paso 2: Qué contarle a la niñera antes de la primera sesión

Si la niñera llega bien preparada, se va a sentir más segura, y los chicos captan esa seguridad rápidamente. Antes de la primera sesión, repasá con ella lo esencial:

– La rutina diaria de tu hijo (comidas, la siesta, actividades)

– Las alergias o necesidades médicas

– Las reglas de la casa y los lugares que están fuera de límites

– Los contactos de emergencia y la dirección completa

– Lo que le encanta a tu hijo, lo que le molesta y los objetos de confort que tiene

– Las palabras o expresiones que usa tu hijo y que la niñera puede no entender: cómo pide agua, comida, o cómo llama a su juguete favorito

Qué más agregar depende de lo que la niñera tenga que hacer: buscar a los chicos al colegio, llevarlos a sus actividades extracurriculares o acompañarlos a sus salidas deportivas, todo eso requiere su propia lista de detalles.

Escribí todo esto en lugar de decírselo apurado/a en la puerta. La niñera te lo va a agradecer, y saber que toda la información importante está fácilmente disponible también te va a dar tranquilidad a vos.

Paso 3: El momento de la despedida: qué hacer cuando aparece la ansiedad por separación

Esta es la verdad acerca de las lágrimas en el momento de la despedida: son normales, son sanas, y casi siempre duran unos pocos minutos después de que te vas. No significa que tu hijo no quiera a la niñera. Significa que te quiere a vos, y así es exactamente como debería ser.

Algunas cosas que realmente ayudan a que sea más fácil para tu hijo:

Hacelo corto. Una despedida larga no ayuda a la transición, la estira. Despedite con cariño, con claridad, y salí. Cada vez que te quedás dando vueltas o volvés a ver cómo está, le estás diciendo a tu hijo que hay algo de qué preocuparse.

No te vayas a escondidas. Es tentador, sobre todo cuando el chico está distraído. Pero los chicos que no tuvieron una despedida real suelen sentirse más ansiosos después, no menos. Una despedida de verdad, aunque sea difícil, ayuda a generar confianza.

Dale una referencia de tiempo. “Dos horas” no le dice nada a un chico de cuatro años.
“Vuelvo antes de la cena” o “después de la merienda” es algo concreto a lo que puede aferrarse.

La mayoría de los chicos se calman más rápido de lo que los papás esperan. El momento de la despedida suele ser más difícil para vos que para ellos.

Paso 4: Si estás trabajando en otra habitación

Esto sorprende a muchos papás. Estás en casa, justo en la habitación de al lado, así que debería ser más fácil, ¿no? En la práctica, muchas veces es más difícil que estar fuera de casa, tanto para vos como para tu hijo.

Es natural querer ir a ver qué pasa si escuchás a tu hijo llorar en la otra habitación. Pero si el chico llora y vos aparecés cada vez, aprende muy rápido que llorar te hace volver. No es manipulación, es simplemente la manera en como los chicos entienden el mundo. Pero eso hará que la niñera nunca tenga la oportunidad real de construir su propia relación con tu hijo, y que cada encuentro vuelva a empezar de cero.

La regla es esta: confiá en la niñera para manejar la situación. Si te necesita, te va a buscar. Entonces, quedate fuera de la vista, resistí las ganas de asomarte, y dejala hacer su trabajo. Se vuelve más fácil mucho más rápido de lo que creés.

Paso 5: Empezá jugando, sin apurar la siesta ni las comidas

Para las primeras sesiones, mantené las cosas simples. Las tardes funcionan mejor: menos presión, sin cansancio acumulado, sin hambre que manejar. Dejá que la niñera y tu hijo simplemente pasen tiempo juntos, que jueguen y aprendan a sentirse cómodos el uno con el otro.

Si es posible, la siesta y la hora de comer pueden esperar. Son los momentos en los que los chicos registran más la presencia de sus papás, y delegarlos demasiado pronto puede desestabilizar una adaptación que venía bien. No hay apuro. Una vez que tu hijo esté realmente cómodo con su niñera, generalmente después de varios encuentros, podés empezar a incorporar las partes más complejas del día, de a una.

Cuando llegás a casa, tomate el tiempo para ver cómo estuvo todo con tu hijo y con la niñera

Antes de que la niñera se vaya, tomate unos minutos para escuchar cómo estuvo todo. Una buena niñera no solo te va a decir “bien”: te va a contar qué le gustó a tu hijo, qué pasó y qué deberías saber. Ese tipo de cierre es importante. Leé más en cómo reconocer una buena niñera.

Con tu hijo, mantené la conversación sencilla. “¿La pasaste bien?” es más que suficiente para los más chiquitos. Los chicos más grandes suelen compartir más si hacés una pregunta concreta: “¿A qué jugaron?” o “¿Qué fue lo mejor de la tarde?”

Y después, prestá atención durante los siguientes días. Si tu hijo habla de la niñera, pide volver a verla o menciona algo que hicieron juntos, escuchá su tono. Eso suele decir más que lo que pasa en el día a día.

Ayudar a tu hijo a adaptarse a su nueva niñera

Acostumbrarse a una nueva niñera lleva tiempo. A veces alcanzan un par de días, y a veces puede llevar algunas semanas. No hay atajos, y la mayoría de las veces tampoco hay un momento exacto en el que todo encaja. Suele pasar de a poco, hasta que un día te das cuenta de que tu hijo corre hacia la puerta cuando llega la niñera.

Tené paciencia con tu hijo. Tené paciencia con la niñera. Y tené paciencia con vos mismo/a, porque soltar, aunque sea solo una tarde, es una de las partes más difíciles de ser papá o mamá, aunque no lo parezca.

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